miércoles, 7 de agosto de 2013

Valencia, Colegio 103

“Yo no enseño a mis alumnos, solo les proporciono las condiciones en las que puedan aprender.” Evidentemente, cuando Albert Einstein se refería a las condiciones en las que puedan aprender los alumnos no se refería al local físico donde colocarse impartir sus clases, se refería a las condiciones mentales, a preparar el camino para que el aprendizaje fluya.

Si nuestro admirado Einstein viviera en la Comunidad Valenciana del XXI, se encontraría con una tierra avanzada, en la que contamos con los servicios públicos con la arquitectura más vanguardista. Así podría pasearse por la Ciudad de las Artes y las Ciencias y quedarse asombrado de la maravillosa idea de Santiago Calatrava, visitaría la Nueva Fe, con sus casi mil habitaciones individuales. Podría marchar de norte a sur, visitar con un orgulloso Fabra la magnífica escultura del admirado Ripollés, escultura que preside la entrada del Aeropuerto de Castellón-Costa Azahar; por el sur, la Ciudad de la Luz,  274 millones de € de dinero público para fomentar una actividad básicamente privada y que por cierto ya tiene sus propias subvenciones.

El problema lo tendría si por su curiosidad y lógica preocupación por el aprendizaje se desviara un poco de esa ruta de las maravillas. Entonces se asombraría de encontrarse que al lado de esos entornos tan valiosos, en el próximo curso más de 20.000 estudiantes de la Comunidad Valenciana comenzarán las clases repartidos en más de 800 barracones habilitados como aulas.

Los famosos barracones escolares, que no son otra cosa que casetas de obra adaptadas, se usan como excusa y de forma provisional cuando no hay edificado colegio o cuando el colegio que ya está construido tiene algún tipo de deficiencia en su estructura. Y repito que es una solución que se presentaba como provisional.

Su pregunta sería ¿El entorno que rodea a los estudiantes valencianos es el idóneo para que yo, Albert Einstein, logre que mis estudiantes asimilen toda mi sabiduría? Y la respuesta que el mismo se daría sería, no. Con el tema de los barracones se dan situaciones en las cuales a la sombra de la  Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, tenemos el Colegio 103 de la Calle Luis García Berlanga, que mantiene a sus alumnos en unos siete barracones.

Los responsables de la Consellería de Educación de la Comunidad Valenciana acumulan denuncias por estos barracones, los padres les culpan de mantener desde hace cinco años a sus hijos en condiciones insalubres, con goteras, mal acondicionados. Respuesta a estas denuncias, el Ayuntamiento de Valencia recientemente ha ampliado el espacio para habilitar más barracones en el Colegio 103.

Nuestra comunidad desde 2010 ha reducido en unos 336 millones de € el gastos en educación, no es de las que más ha reducido un, con 7,51%, hay Comunidades en las que en el mismo periodo se redujo un 29,71%, como en Castilla la Mancha. Teniendo estos datos sabemos que es imposible que en los próximos años se subsanen estas deficiencias, el Consell no tiene ningún interés ni dinero para poder cerrar estos barracones que nos avergüenzan y construir los colegios prometidos.

Imaginemos que en el Colegio 103 de Valencia, el científico Albert Einstein diera clases física a sus alumnos… sin lugar a dudas empezaría todos los días sus clases convencido de otra de sus celebres frases “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

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